
Ursula Rucker y Luisa Beatriz Velásquez Santiago
"Este libro colectivo es una aproximación a la respuesta situada a esas preguntas. A través de diversas experiencias y marcos teóricos, exploramos cómo las prácticas culturales se convierten en potentes herramientas para la transformación, el fortalecimiento comunitario y la construcción de realidades más justas y equitativas. En ese sentido —y siendo congruentes con las aportaciones que hay en esta obra—, se puede concebir que desde la gestión cultural la incidencia social es un conjunto de acciones culturales intencionadas que buscan transformar estructuras sociales, políticas o simbólicas a partir de la generación de condiciones para que los grupos y comunidades a quien va dirigida la acción, puedan fortalecer sus capacidades para enfrentar las desigualdades, reforzar el tejido comunitario y generar efectos positivos sostenibles en la vida colectiva. Esta concepción implica:
- Superar la idea de que la organización de actividades y el acceso a los bienes culturales es el fin y no el medio de la acción cultural. Para ello es importante considerar que la gestión cultural es una herramienta crítica para influir en actitudes, prácticas y políticas públicas, lo que requiere un distanciamiento del modelo hegemónico que hace énfasis en lo administrativo, comercial y de consumo individual efímero, y concebir la gestión cultural desde un modelo democrático, intercultural, decolonial, comunitario y sostenible.
- Tomar distancia de la comprensión de la incidencia como “impacto” medible en los términos del eficientismo tecnocrático, pues como lo muestran las autoras y autores de este libro, la incidencia debe pensarse más bien como una relación dialógica, entre la problemática o necesidad que se desea cambiar y el trabajo cultural con las comunidades, no solo con indicadores cuantitativos y racionales, sino también cualitativos y sensibles.
- El fortalecimiento de las capacidades comunitarias, la promoción de la sostenibilidad, y la mejora de la calidad de vida y el ejercicio de los derechos culturales a través de modelos de desarrollo local alternativos que contribuyen al bienestar de los grupos y las comunidades.
- Comprender la realidad y el trabajo cultural desde una visión holística y multidimensional, pues la acción cultural abarca aspectos éticos, estéticos, políticos, pedagógicos y económicos, y también es intersectorial (salud, educación, urbanismo, ambiental, etc.), pues todos estos componentes se entrelazan y potencian mutuamente desde una perspectiva ecosistémica (como nos muestra Ávila en su capítulo)"
