
La realidad social no se compone de un relato homogéneo, sino de un entramado polifónico donde convergen múltiples voces sociales. El «otro» no es un mero objeto de estudio ni un receptor pasivo, sino un agente que interpreta su vivencia frente a hechos sociales diversos (violencia, privilegio, acceso a la justicia, género o territorio). En ese sentido, las narrativas no reflejan la experiencia de manera neutral; tienen la capacidad de construir realidades y transformar las relaciones comunitarias y las estructuras cotidianas. Por otro lado, las contranarrativas o narrativas alternativas emergen para desestabilizar los relatos dominantes que legitiman el poder. Es entonces que el entorno virtual actúa como catalizador de la circulación de voces a escala local y global. Las redes sociodigitales no son simples depósitos de historias, sino escenarios fértiles donde conviven la creación, el consumo y la preservación cultural, al tiempo que se desenmascaran y tensionan las estructuras de poder. De igual manera, la discriminación en el acceso tecnológico se traduce directamente en desigualdades de participación y visibilidad pública. Por tanto, el estudio crítico de las Narrativas 2.0 debe considerar tanto su capacidad emancipadora como las barreras estructurales que coartan la capacidad de ciertos sectores para construir y posicionar sus propios relato
